De dónde surge nuestro entusiasmo? ¿Es posible vivir sin un propósito?


En una oportunidad leyendo algo del escritor Mark Twain leí unas lineas donde mencionaba que los dos días más importantes de nuestra vida son el día en que nacemos y el día en que descubrimos por qué. Es decir, el día en que descubrimos cuál es el verdadero propósito de nuestra vida. Muchas personas viven con una sensación de vacío interno. Tienen sus trabajos y sus familias, pero se sienten incompletos. Les falta energía. Sus vidas se han convertido en una rutina y no tienen muy claro hacia dónde van ni cuál es su verdadero objetivo. Otros, en cambio, se pasan la vida evitando a toda costa esa monotonía, y acumulando experiencias, viajando mucho o adquiriendo posesiones materiales constantemente. Ocultan su falta de propósito vital con una colección de pequeños propósitos a corto plazo que, antes o después, acaban por ser insuficientes, generando la misma sensación de vacío.

¿Cuál es entonces la vida que estamos llamados a vivir? ¿Y cómo podemos identificarla? Cuál es mi propósito? mi misión de vida. Las respuestas a estas preguntas guardan relación con un tipo de “despertar” y con un tipo de apertura, una apertura a lo que la vida te ofrece y lo que espera de ti. Lo primero que podemos hacer para saber cuál es nuestro propósito es identificar qué es lo que nos apasiona. La pasión es un concepto que está directamente vinculado a nuestro propósito. No obstante, cuando la gente se pregunta qué es lo que le apasiona muchos encuentran más de una respuesta. Eso es porque la mayoría entiende la pasión únicamente cómo un deseo ferviente hacia algo o alguien que nos genera mucho entusiasmo o placer.

Por ejemplo, uno puede sentir pasión por ver el siguiente capítulo de su serie favorita, por hacer ejercicio cada mañana o por encontrarme con las amigas los viernes por la noche, o simplemente por estar los fines de semana con la familia. ¿Cómo diferenciamos entonces la pasión de lo que nos gusta de la pasión relacionada con nuestro propósito de vida? Hay un aspecto clave que debemos tener en cuenta para poder diferenciar una cosa de la otra. La pasión no solamente proviene de aquello que nos encanta, sino que también proviene de aquello que más nos duele. Por ejemplo, el dolor que una persona ha sentido en la niñez por el abandono de sus padres puede despertar en ella una pasión por la educación y el cuidado de los niños. El dolor que una persona ha percibido en su familia por la falta de recursos puede llevarla a sentir un deseo ferviente de prestar ayuda a las personas más desfavorecidas. El dolor es un gran impulsor para el cambio. Si nunca sintiéramos dolor, no tendríamos la necesidad de cambiar y evolucionar. De modo que vivir nuestro propósito de vida tiene relación tanto con hacer lo que nos gusta, como con conectar con nuestro dolor más profundo. Si buscamos la etimología de la palabra «pasión», encontramos que proviene del latín «passio», derivado del verbo «pati», que significa sufrir o aguantar. «Pasión» proviene de la familia etimológica de «padecer». Seguir el verdadero propósito de nuestra vida implica identificar y gestionar adecuadamente aquello que nos genera sufrimiento emocional y estar dispuestos a experimentar situaciones que pueden ser dolorosas para poder trascenderlas. Pero, para ello, debemos de dejar a un lado las expectativas de nuestro entorno, las ideas preconcebidas o las creencias de nuestro sistema e incluso de lo que creíamos ser hasta ese momento. Se trata de elegir entre transitar un camino conocido y mil veces recorrido o adentrarnos en la aventura de descubrir quiénes somos en realidad.


Y tú ? Amigo o Amiga que nos lees ... Ya has descubierto tu propósito de vida?

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